domingo, 12 de noviembre de 2017

Paraísos en competencia

Jorge Faljo

La reforma fiscal que se discute en los Estados Unidos apunta a bajar los impuestos sobre todo de los muy ricos. Por ejemplo, reducir y luego eliminar el impuesto a las herencias que exceden los 5.5 millones de dólares beneficia tan solo al 0.2 por ciento de los norteamericanos. Otras reducciones se centran también en las grandes empresas y los muy ricos.

Bernie Sanders, muy conocido por haber competido por la candidatura demócrata a la presidencia norteamericana afirma que la reducción propuesta por los republicanos reduciría en 52 mil millones de dólares que paga la familia norteamericana más rica. Se trata de los Walton, dueños de Walt Mart, Los segundos más ricos, los hermanos Koch pagarían 38 mil millones de dólares menos.
Esto en un país en el que la inequidad se acrecienta, en donde una fracción mucho menor aún al uno por ciento de las personas más ricas de Estados Unidos ya tiene tanta riqueza como el 90 por ciento más pobre.

La teoría detrás de esta infame reforma se basa en restarle servicios de salud y educación a los más necesitados porque supone que son los ricos los que crean la riqueza. Es decir que concentrada en sus manos se invertirá de manera productiva y creará empleo y un bienestar que se desparramará de arriba hacia abajo. Un absurdo histórico continuamente desmentido por los hechos.

Se podría pensar que es asunto de ellos. Pero el caso es que esa reforma fiscal, si se aprueba, tiene dos cambios relevantes que pueden pegarnos muy duro.

Un es la reducción del impuesto a las grandes corporaciones que bajaría del 35 al 20 por ciento. Lo segundo es que hasta ahora las empresas norteamericanas en el extranjero solo pagaban el impuesto corporativo al repatriar sus ganancias. Ahora se les ofrece no solo la reducción del impuesto corporativo, sino que si regresan capitales y ganancias recibirían un fuerte descuento de impuestos por única vez.

De este modo se alienta la repatriación de capitales volátiles y se eleva substancialmente el margen de ganancias de producir dentro de Estados Unidos. Lo que desincentiva la inversión en el exterior. Es decir que México puede ver reducido el ingreso de dinero y la instalación de empresas. Lo cual, además de pegarle a la paridad cambiaria, debilita un modelo de crecimiento basado en la inversión externa para modernizar la producción y aumentar las exportaciones.

Con esos argumentos los medios empresariales mexicanos están proponiendo y presionando para que también en México ocurra una notable reducción de impuestos que, eso dicen, nos haga competitivos en la atracción de capitales externos.

Se trata de la lógica de la carrera hacia el abismo. Los gringos reducen impuestos y por eso mismo también debemos hacerlo. Pero no olvidemos que México es ya un paraíso fiscal. Ingresa menos de la mitad del promedio de recaudación de los países de la OCDE. Tenemos un gobierno que en una comparación internacional resulta ser un enano y por eso mismo es incapaz de garantizarle a su población sistemas de salud, educación y seguridad social decentes.

La propuesta empresarial plantea un diagnóstico equivocado. Los primeros dos años de este sexenio sufrimos una economía particularmente decaída precisamente por la reducción del gasto público. Ahora la situación post sísmica exige incremento del gasto público para superar el golpe a la economía y bienestar de las familias. No se trata de subir el endeudamiento, sino de evitarlo mediante el sencillo remedio de que el estrato de población que atesora sin producir pague una porción más justa de impuestos.

Es ridículo plantear la reducción de impuestos cuando recién nos estamos enterando de que también nuestros muy ricos esconden grandes capitales en paraísos fiscales. Son fortunas que buscan ocultarse por sus orígenes tenebrosos y para no pagar, o pagar muy bajos impuestos. Ellos, los ultra ricos, pagan mucho menos de lo que se le exige al común de los trabajadores.

Desde hace varios años el diagnóstico de los centros del pensamiento financiero internacional, sea el Fondo Monetario, la OCDE, la Organización Mundial del Trabajo, o la Comisión Económica para América Latina y el Caribe entre otros ha planteado que el gran problema de la economía mundial es la insuficiencia de demanda originada en el rezago salarial. La productividad se ha multiplicado mientras que los salarios renquean.

La pretensión de competir con la baja de impuestos en Estados Unidos o, sería el colmo, con los paraisitos fiscales donde de plano las empresas y los muy ricos no pagan impuestos es absurda. Se alinea con un modelo de crecimiento fracasado y empobrecedor. Los gringos amenazan dejarnos colgados de la brocha, ¡qué bueno!

Lo que hay que hacer ahora no es voltear hacia Sudamérica, China u otros países. Sino retomar la senda del crecimiento acelerado mediante la prioridad a la producción y el empleo internos sobre las importaciones. El primer paso es fortalecer el mercado interno mediante incrementos salariales que eleven la capacidad de compra de la mayoría; lo segundo y más importante es asegurar que esa demanda, la privada y la pública, se enfoque en la compra de producción nacional.

Este es el esquema que, primero, elevaría el aprovechamiento de las grandes capacidades existentes y, segundo, incentivaría la inversión en miles de empresas pequeñas y medianas para responder al incremento de la demanda.

No podemos seguir a los gringos en su camino hacia la mayor inequidad y el empobrecimiento de las mayorías. Tenemos que salir adelante mediante el trabajo honesto de todos; y para eso requerimos un gobierno justiciero y democrático. Con unos centímetros de frente.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Ataque ruso y fragmentación cultural

Jorge Faljo

Cuando niño, en una ciudad pequeña, había solamente dos cines que cambiaban su programación cada quince días. Siempre ofrecían dos películas relacionadas. Aunque mi memoria convierte los recuerdos en caricatura, esos pares eran algo así como “el enmascarado de plata” y, a continuación, “el regreso del enmascarado de plata”. Lo mismo con las películas de Capulina, o las rancheras. Un grupito salíamos corriendo de la secundaria para llegar a la casa más cercana a oír “Kaaaliman, el hombre increíble”.

Podíamos elegir entre no muchas opciones; había, por ejemplo, solo tres canales de televisión. Todo lo que podría llamarse “cultura cotidiana” fluía de arriba hacia abajo y provenía de difusores identificables institucionalizados: estaciones de radio y televisión, escuelas, revistas y periódicos, libros y demás. Relativamente muy pocas fuentes de información alimentaban las ideas de millones.

En unas cuantas décadas la situación se ha volteado de cabeza, no necesariamente para mal y con algunas ventajas, pero en todo caso de una manera que no hemos aprendido a manejar y que plantea riesgos.

Hoy en día los jóvenes tienen acceso a la música y películas acumuladas en las últimas décadas y en todo el mundo. Pueden explorar una enorme oferta de entretenimiento, cultura e información, verdadera o falsa. Y cada uno puede “descubrir” algo a su gusto y sobre lo que puede encontrar material abundante.

Nos movemos hacia una situación en la que cada quien elige su cultura cotidiana. Esta es la parte menor del cambio.

Lo profundamente revolucionario es que ahora todos somos emisores en las redes sociales como Wasap, Twitter, YouTube, Facebook y muchas otras. Somos micro difusores, sea porque creamos material o porque elegimos que cosas reenviar, mensajes, chistes, videos y de manera asociada inevitablemente transmitimos formas de ver la vida, publicidad abierta o disfrazada, e ideas políticas.

Esta cultura cotidiana ya no fluye de arriba hacia abajo; sino que es crecientemente horizontal. Cada uno es editor, publicista, locutor y programa (pensándolo mucho, poquito o nada), el material que difunde a los parientes, amigos, colegas, extraños. Y ellos a su vez reprograman y reenvían creando “cadenas de información” horizontales que tienden a uniformarse a su interior en cuanto a intereses, posiciones, enfoques políticos y demás.

Ya no operamos al interior de una ancha corriente cultural dentro de la cual habría diferencias menores. Vamos hacia arroyos culturales diferenciados y distantes entre unos y otros.

Este nuevo contexto abrió el camino hacia una nueva forma de interferencia internacional; lo que las agencias de investigación y el congreso norteamericano consideran una agresión mediática rusa. Este es un hecho probado, no así, hasta el momento, la colusión con la campaña presidencial de Trump.

Llama la atención el contenido de los mensajes presentados como ejemplos en las sesiones del Congreso norteamericano.

Un anuncio en Facebook decía que Hillary Clinton se había opuesto a enviar ayuda a un grupo de marines en peligro en una misión en Libia, que no reconocía los problemas que enfrentan los veteranos de guerra y los despreciaba. Por ello un 69 por ciento de los veteranos de guerra se oponía a la candidata. El mensaje, muy patriótico estaba firmado por la organización de veteranos “Corazón de Texas”. Recordemos que en general los veteranos son considerados héroes de guerra.

Otro anuncio de la organización “Siendo patriotas” hablaba de múltiples concentraciones de trabajadores mineros en apoyo a Trump. Muestras de apoyo que en realidad no existieron.

Un anuncio invitaba a los norteamericanos de origen indio (de la India) a votar por correo electrónico en una página de apariencia oficial y proporcionando sus datos electorales. Estaba ilustrado con la imagen sonriente de un comediante del mismo origen muy popular entre esa población.

Se trató en todos los casos de información falsa o sesgada, anti Hillary o a favor de Trump, firmada por organizaciones inexistentes. Lo más notorio por evidente es que los anuncios fueron colocados desde Rusia y pagados en rublos.

La campaña es vista ahora como ejemplo de alta eficacia a un muy bajo costo. Exigió un excelente conocimiento de los grupos sociales y políticos norteamericanos, de sus intereses y opiniones. Hubo miles de anuncios de este tipo y un gran número de ellos prendieron como pólvora en las redes sociales. Si llegaron a, se calcula, por lo menos 150 millones de norteamericanos es que estos anuncios estaban bien diseñados para ser reenviados de manera voluntaria por millones de norteamericanos.

Un buen chiste o video en Wasap puede llegar a millones porque muchos lo reenvian. Pero igual circula información falsa, sesgada, tendenciosa. Los anunciantes rusos le dieron al clavo a lo que sentían muchos grupos y alentaron la diferenciación cultural; les dieron por su lado a blancos supremacistas, igual que a negros, chicanos, cubanos, trabajadores manuales, mujeres, y un largo etcétera.

Hace unos días me llegó por Wasap un video de Ricardo Anaya, el dirigente del PAN, hablando en inglés y pidiendo a Trump que construya su muro porque les conviene a los dos países. Era un video falseado; como falsas son muchos mensajes, supuestamente del Papa, la madre Teresa o cualquier otro personaje político, artístico o académico.

De este modo se crean y afinan cadenas de información sesgada que circulan entre grupos que las reproducen porque responden a sus sentimientos e instintos y constituyen corrientes “culturales” alternativas.

Es muy fácil que cualquiera pueda ahora hacer, por ejemplo, un mensaje a favor o en contra de, digamos, la separación de Cataluña en España. Puede pagarlo en pesos y dirigirlo expresamente a usuarios españoles y catalanes. Y si está bien hecho puede “prender” entre los usuarios ibéricos.

La situación está preparada para que eso ocurra en México el año que entra; provenga o no del extranjero. ¿Qué podemos aprender de lo ocurrido en los Estados Unidos? Porque ya se difunde en México información distorsionada de impacto en el sentir social.

domingo, 29 de octubre de 2017

Sismos; las otras replicas

Jorge Faljo

Los sismos causaron, además de muertes y traumatismos físicos y emocionales, daños a más de 150 mil viviendas, la tercera parte como destrucción total. Algunos cálculos oficiales acercan el número de gentes con daños a su vivienda al millón de personas, de las que más de 250 mil se quedaron sin casa. Son, en la mayoría de los casos, familias de clase media cuya pérdida las reduce a una situación de pobreza patrimonial.

Además, ocurrieron daños a la infraestructura pública, desde escuelas hasta las redes de distribución de agua y el alcantarillado. Daños que se concentran en zonas que ya se caracterizaban por su vulnerabilidad económica: Oaxaca, Chiapas, Morelos, y barrios de la ciudad de México.

Tras los sismos de septiembre ocurrieron miles de réplicas. Movimientos telúricos adicionales que han mantenido en vilo a la población del sureste.

Ahora, tras de los impactos más traumáticos, empiezan a ocurrir otro tipo de réplicas. Las que se asocian al sanamiento social y económico, sobre todo en lo que se refiere a la cantidad y distribución de recursos para el apoyo a damnificados y la reconstrucción en general.

Una primera reacción, prácticamente instintiva en esta administración, fue convocar a los cuates, a las grandes empresas constructoras, a hacerse cargo de la reconstrucción en una estrategia de desarrollos habitacionales estandarizados. La firme negativa social obligó a un giro fundamental; pasar a una estrategia de autoconstrucción con apoyo económico, asistencia técnica y acceso a materiales a costos accesibles. Bien llevada esta nueva línea significaría que la reconstrucción ya no estaría abierta al gran negocio privado, con tajada burocrática, sino al verdadero apoyo a la población.

Pero no todo está resuelto, ni mucho menos.

Se detuvo, por homicidio doloso, al responsable de obra y copropietario de la empresa que construyó uno de los edificios derrumbados en la ciudad de México. En la revisión de escombros se pudo comprobar que la construcción no fue realizada conforme a lo reportado oficialmente, además de otras irregularidades.

Esta detención marca el inicio de una investigación más general sobre otros derrumbes. No es un asunto sencillo. La procuraduría de justicia capitalina informó que las delegaciones han incumplido con la entrega de planos estructurales de 162 inmuebles. Aquí hay mucho que escarbar y transparentar.

No habría que detenerse en los edificios dañados; la población necesita, para su tranquilidad, conocer que vive en un lugar seguro, incluso si no se dañó. Será una tarea prolongada.

Mucho de lo dañado son construcciones públicas; escuelas, hospitales, infraestructura en general. Aquí la revisión debe ser particularmente exhaustiva; por seguridad y para saber si la corrupción fue un factor importante del daño a la nación, porque a final de cuentas todas esas inversiones salieron de nuestros bolsillos.

El sistema de justicia será puesto a prueba en los próximos meses, tal vez años. Su lentitud, ineficacia y falta de transparencia habituales debe ser corregida.

En otro plano el alcalde de Nezahualcóyotl, municipio declarado zona de desastre, consideró una burla del gobierno federal que se le hayan asignado 700 mil pesos del Fondo Nacional de Desastres para las necesarias reparaciones a la red hidráulica. Dijo que se requieren por lo menos 380 millones para esas y otras reparaciones y aprovechó para exigir que se transparente el monto y distribución de los donativos internacionales y empresariales recibidos.

Por su parte la Ciudad de México reclamó que el criterio de atención preferente a la población más pobre no toma en consideración que aquellos que perdieron su patrimonio quedaron en situación de pobreza y deben ser incluidos entre la población que debe ser apoyada.

Sn ejemplos del jaloneo de cobijas entre municipios, estados y federación por la distribución de los recursos ya asignados, y todo apunta a que estos no serán suficientes.

Desde la Cámara de Diputados un órgano técnico, la Unidad de Evaluación y Control –UEC-, propone que los ingresos por aprovechamientos que resulten adicionales a lo ya previsto en el presupuesto de ingresos de la federación, se destinen a fortalecer los apoyos a los damnificados y la reconstrucción.

No es un asunto menor. Estos ingresos que superan las previsiones presentadas a la Cámara por la Secretaría de Hacienda ascenderán este año a unos 38 mil millones de pesos, según el cálculo de la UEC. El año que entra serán de un monto similar.

Anteriormente la Auditoría Superior de la Federación ha señalado que el uso de estos recursos es discrecional y no transparente por parte de Hacienda. Así que si el Congreso les asigna un destino se elevaría la transparencia y habría una fuente adicional, muy substancial, de recursos para el creciente jaloneo de cobijas en torno a la reconstrucción.

En un artículo anterior, “tarda en doler”, dije que el impacto de los sismos se prolongaría por años. Apenas estamos empezando a ver cuáles son sus réplicas sociales, legales, económicas. De su adecuado manejo dependerá en buena medida la percepción sobre la honestidad y eficacia de un gobierno que no tiene buena calificación popular y quién sabe si alcance a dar otra imagen más favorable.

domingo, 22 de octubre de 2017

Hablando de peligros

Jorge Faljo

Ayer en la noche me tomé unas cubitas con unos amigos. Como es habitual la conversación se centró en dos temas. Uno la inseguridad. La hija del amigo que nos invitó a su departamento, una niña, comentó que al prefecto de su escuela primaria recién lo habían matado. Iba en un transporte público y unos asaltantes pretendieron, además de robarlos, llevarse a su esposa. Él se opuso y lo asesinaron. No se llevaron a la señora.

Que lamentable que ese sea el tipo de historias que hoy en día impactan a los niños de primaria. Es un claro deterioro de nuestras condiciones de vida.

Lo segundo de que hablamos fue la vieja historia, que revive en cada elección, acerca de que los candidatos de izquierda son un peligro para México y provocarían una crisis económica.

Es un asunto que genera reacciones contradictorias en particular para mis amigos de anoche, militantes de varias opciones políticas. Concuerdan en que es necesario un cambio de modelo económico, por uno en que sea posible crecer, generar empleos, elevar salarios y en el que un gobierno eficaz y honesto sea garante del bienestar de todos. Pero les preocupa, y eso es muy razonable, una posible crisis generada por el triunfo de un candidato de verdadera oposición.

Sobre este punto quiero ordenar mis ideas en este artículo. Lo primero que me viene a la mente es que en la campaña electoral de 1994 los medios machacaron la idea de que el triunfo del candidato de izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas, provocaría una grave crisis; huida de capitales, devaluación del peso.

La modernización de utilería y la venta – gobierno, es decir de las empresas que eran del Estado, durante el salinato, enriquecieron a la nueva elite. A cambio se empequeñeció al gobierno y se destruyó buena parte de las empresas, fábricas y talleres medianos y pequeños de un empresariado nacional inerme, que era despreciado y combatido por los neoliberales. La continuación de ese esquema solo era posible vendiendo todavía más. La venta de la tierra, propuesta como inversión privada en el campo, había fracasado. La venta de la riqueza petrolera todavía no era políticamente viable.

En 1994 el Fondo Monetario Internacional respaldaba la política económica nacional y declaraba que la ruta del gobierno era la correcta y que no habría sobresaltos. Ese discurso era ampliamente repetido dentro y fuera de México; tal vez porque se daban cuenta del riesgo y procuraban taparlo.

El caso es que en 1994 no ganó el candidato de izquierda; triunfó Zedillo, el candidato del régimen, y le estalló la crisis. Con esto lo que quiero decir es que una fuerte crisis económica se origina en las debilidades de fondo de la estructura económica y no en las características personales de un candidato.

Sin embargo, es muy importante poner la atención en que una crisis económica de la magnitud de la ocurrida en 1994 – 1995 pudo haber generado otra grave crisis, en este caso de ingobernabilidad. Simplemente imaginemos como podría haber gobernado Zedillo si la población y los medios lo hubieran culpado de la devaluación. ¿Habría podido gobernar?

Afortunadamente no hubo un colapso de gobernabilidad porque la población sabía que las condiciones propicias a la crisis se habían generado en los años anteriores.

¿Qué lecciones para el presente nos deja esa experiencia?

No cabe duda de que, de nueva cuenta, los candidatos de izquierda serán demonizados como los causantes seguros de una futura catástrofe económica. Lo más grave de esta situación, gane quien gane, es que las condiciones están dadas para una crisis más o menos similar a la de 1994.

En este sexenio se realizó el sueño neoliberal de vender la mayor de nuestras joyas; el subsuelo, con sus riquezas en petróleo y minerales. La venta –país permitió renovar una imagen de modernidad similar a la del salinismo. Solo que esta vez como mera caricatura, aunque, con el tiempo podremos apreciar que es más dañina.

Tenemos enfrente un problema que rebasa lo nacional; la globalización se desmorona en Estados Unidos, país que nos compra el 81 por ciento de las exportaciones nacionales y que en la renegociación del TLCAN exige reducir el superávit mexicano. Que es la entrada de dólares que nos permite comprarle a China las partes de los automóviles y otras manufacturas de exportación.

Así que en la venta – país ya se vendió lo principal; la nueva posición norteamericana amenaza las principales exportaciones de manufacturas e incluso algunas agrícolas; ese mismo cambia desalienta la inversión transnacional en México y no hemos construido un mercado interno que le otorgue solidez a la producción para nosotros mismos.

Cualquiera que gane deberá afrontar un cambio de rumbo de una economía que estará sedienta de dólares; en la que las importaciones serán más caras y en la que deberá transitarse por el camino de la substitución acelerada de importaciones. Eso ocurrió entre 1999 y el año 2000 que fueron años de buen crecimiento debido sobre todo a la competitividad derivada de una moneda devaluada y gracias al aprovechamiento de capacidades instaladas.

Este efecto positivo de una devaluación no podrá ser tan importante en esta ocasión debido a que el planeta sufre de sobreproducción generalizada; más empobrecimiento en las economías más ricas, los Estados Unidos en primer lugar.

Así que el futuro presidente debería ir pensando en un plan anticrisis económica. En lo político un presidente de derecha podrá siempre echarle la culpa de la crisis al exterior, a Trump, a la mala suerte o al actual presidente. Y en esa dirección contará con todo el apoyo de los medios, radio, televisión y periódicos.

Pero un presidente de izquierda enfrentaría una situación mucho más difícil. Cargaría con toda la responsabilidad de la crisis económica. Los medios se le echarían encima y lejos de hablar de la mala suerte, del presidente anterior o del mundo, lo culparían insistentemente de una crisis que a estas alturas es inevitable.

sábado, 14 de octubre de 2017

Colgados de la brocha

Jorge Faljo

Hasta hace unas semanas el discurso oficial era que el TLCAN avanzaba por una negociación con algunos puntos difíciles pero que en su conjunto no se tambaleaba. Ahora el mensaje es que hay vida después del Tratado, que México es mucho más grande que cualquier tratado. Desde las cúpulas empresariales el mensaje es que es buena la modernización del Tratado, pero no a cualquier costo.

Es decir que ya se prepara a la opinión pública para una previsible ruptura de las negociaciones, a la que seguiría, posiblemente, la salida de los Estados Unidos del acuerdo tripartita.

Desde hace meses en esta columna señalaba los grandes escollos a la negociación. Uno de los principales es la acusación de que los bajos salarios en México equivalen a un dumping laboral. Entre los quejosos se encuentran, por ejemplo, los productores norteamericanos de fresas, zarzamoras, arándanos, y moras, un tipo de producción que requiere una mano de obra cuidadosa en la recolección, selección y empaque. Allá pagan un salario diez veces mayor al mexicano.

Entre los cambios que propone Estados Unidos se encuentra facilitar que sus productores puedan acusar de dumping o competencia desleal a sus competidores. Lo que podría afectar mucho más que la exportación de frutillas y pegarle a las manufacturas.

Pero el tema salarial es al que con más vehemencia se ha opuesto el sector empresarial mexicanos. Sobre todo, si se le añade la exigencia de democracia sindical, prohibición del trabajo infantil, mejores condiciones de salud, higiene y condiciones laborales en general.

No es el único gran escollo. En Estados Unidos demandan mayor apertura a sus exportaciones agropecuarias. Lo que es enfrentado por los productores mexicanos que, en sentido contrario, piden que el maíz y otros granos básicos sean excluidos del tratado para elevar la producción interna y mejorar el empleo y el ingreso rural.

Otro gran asunto es la demanda norteamericana de reducir su déficit comercial haciendo que México adquiera mayor producción norteamericana. Piden que en la exportación de automóviles se eleve el contenido específicamente norteamericano a un mínimo de 50 por ciento y el contenido tri-nacional suba del 62.5 por ciento al 85 por ciento. Esto en la práctica significa reducir a menos de la mitad las importaciones de piezas chinas y del sureste asiático para substituirlas por componentes norteamericanos.

Lo que solo sería viable si México y los Estados Unidos imponen, en paralelo, aranceles a las importaciones de fuera del TLCAN. Solo así pueden incrementar su comercio comprándose el uno al otro productos más caros que los que vienen de China. Lo que va en contra del interés de los consumidores, pero en favor de los productores de ambos países.

Pero ahora los gringos añaden nuevas exigencias; como que el nuevo Tratado tenga que ser confirmado, y renegociado, cada cinco años.

Tal vez exista una razón política de más fondo en el endurecimiento de la posición norteamericana. Hace unas semanas el precandidato de la ultraderecha norteamericana a un puesto en el senado le ganó al precandidato que apoyaba Trump. Fue una señal de que la ultraderecha desbocada podría empezar a ganar posiciones por fuera del control de Trump.

Lo cual estaría empujando al presidente norteamericano a reforzar sus compromisos ideológicos con ese sector, para que no se le salga del huacal, y explicaría que esta semana le haya quitado fondos al sistema de salud, el obamacare que tanto odia; que acuse a Irán por un falso incumplimiento del acuerdo antinuclear; que suba sus amenazas a Norcorea y, posiblemente, que próximamente rompa negociaciones con México. Trump no actúa con racionalidad de estadista, sino que estrecha lazos con la más obtusa ultraderecha norteamericana.

Debemos prepararnos para cerrar el triste capitulo neoliberal de nuestra historia. Seguir enganchados a una estrategia obsoleta tendría un costo social altísimo en el que ya ni migajas habría para la mayoría.

No se trata de la simple ruptura de un tratado comercial; Estados Unidos seguirá en sus mismas exigencias, con mayor rudeza. Podrá unilateralmente facilitar las acusaciones de dumping laboral y bloquear importaciones, como lo ha hecho en el pasado, con el atún, por ejemplo. Podrá también seguir exigiendo un mayor contenido de insumos norteamericanos, en lugar de chinos, en la producción de automóviles. Insistirá en reducir su déficit y en que le compremos más.

¿Quién dice que lo que Estados Unidos exige en la renegociación del Tratado, lo va a dejar de exigir cuando este deje de existir?

Uno de los posibles efectos de la ruptura del TLCAN es que perdamos puntos como plataforma de exportación a los Estados Unidos. Sin esta bandera, y ante una creciente inquietud social y política interna, podría reducirse la inversión externa que nos ha llevado a ser grandes consumidores de importaciones en detrimento de la producción interna.

Menos entrada de dólares implica que todo lo importado suba de precio. No habría peor error que otro apretón de cinturón para las mayorías. La salida debe ser otra; una estrategia de substitución acelerada de importaciones. Mucho de lo que importamos se puede producir internamente. Tendrá que ser así si las importaciones suben de precio.

Requerimos una estrategia de fortalecimiento interno y proteccionismo para defendernos ante un mundo que se vuelve agresivo e inseguro. Hay que generar empleo, digno y productivo, para todos los mexicanos; crear condiciones para que las fábricas, talleres y parcelas produzcan a toda su capacidad.

Necesitamos reintegrar un mercado nacional que genere condiciones para el empleo y la producción; en vez de quedar colgados de la brocha.

sábado, 7 de octubre de 2017

Francotiradores

Jorge Faljo

Hace unos quince años, más o menos, porque mi memoria no es exacta, ocurrió la única experiencia cercana que he tenido con un francotirador, aunque de poca monta. Resulta que desde un edificio de la calle Moras, en la Colonia del Valle, alguien empezó a disparar con un rifle de “pellets” a los perros y gatos que pasaban por ahí. Este tipo de rifle es algo más potente que uno de municiones y el proyectil es también más grande.

Al principio lo que ocurría en la calle era un misterio, pero resulta que unos días más tarde empezó a dispararle a las personas; yo me enteré de por lo menos dos casos. Uno fue el de la hija adolescente de una vecina en la que el pellet se le enterró en el pie. Acudió a una clínica donde tras examinar las radiografías concluyeron que extraerlo era una operación con mayor riesgo de hacerle un daño permanente que dejarlo donde estaba. Le dieron un certificado médico con el diagnóstico para efectos legales por si decidiera denunciar. No lo hizo.

El segundo caso fue el de una señora que manejaba un auto con la ventana abierta y el pellet le entró por la clavícula izquierda. No la conocía, pero los vecinos nos enteramos porque acudieron un par de patrullas frente al edificio desde donde evidentemente se disparaba y estuvieron un rato en el lugar. Los agentes no entraron al edificio.

El asunto era un problema. Lo que yo hacía era circular por la misma banqueta del edificio y nunca por la de enfrente. Hasta que se me ocurrió informar a los vecinos del edificio en cuestión. Hice una carta diciendo que en ese edificio había un francotirador y anexé el diagnóstico de la niña adolescente, le saqué copias y, metidas en sobres, coloque una para cada uno de los departamentos de ese edificio.

El problema se acabó, no sé si por mis cartas o por el rato que estuvieron ahí las patrullas. Lo que siempre pensé es que seguramente se trataba de un chamaco al que sus papás le habían regalado un rifle de aire a presión para disparar pellets. Tal vez los papás se enteraron del asunto y le quitaron el rifle; ojalá y hayan hecho algo más, como darse de coscorrones por estúpidos.

Me acordé del asunto porque circuló un video en wasap donde un chamaquito gringo de trece años, actor incipiente contratado para hacer el documental, intenta comprar cerveza, cigarros, revistas pornográficas y billetes de lotería y en todos esos casos lo rechazan por su edad. A continuación entra a una exposición de armas y compra un rifle sin ningún problema.

Desconfió mucho de las falsas noticias que circulan en los medios sociales. Son más para diversión que para informarnos. Pero en este caso busque el video en YouTube y encontré que era verdadero; lo había patrocinado y llevado al aire por la cadena norteamericana CNN.

Estando en eso encontré videos sorprendentes de padres en tiendas de armas comprándoles armas reales a sus niños en el día de su cumpleaños. Hablo de niños que cumplían siete años y en un caso, cinco años. Claro que planeaban llevarlos a un campo de tiro familiar, que abundan, para que ahí recibieran clases sobre el manejo correcto del rifle y se divirtieran disparando. Si esos padres les hubieran dado una cerveza, cigarros o pornografía podrían perder la patria potestad. Darles un rifle es enteramente legal y parte de una cultura muy expandida.

La misma cultura que permitió que un tipo llamado Paddock pudiera llevar a cabo la mayor matanza sin sentido en la historia de los Estados Unidos. Asesinó a 59 personas e hirió a otras 527 disparando con una docena de armas de alto poder hacia la multitud que se encontraba en un concierto de música country al aire libre.

En los videos de la masacre se escuchan disparos en largas series, como si se tratara de ametralladoras. Es que modificó sus armas con un aditamento que permite oprimir el gatillo a la mayor velocidad posible sin que se trate legalmente de una ametralladora. También intentó comprar balas trazadoras, es decir visibles, que le permitieran dirigir mejor sus disparos. Solo que ese día se habían agotado.

La tragedia hizo que el congreso norteamericano pospusiera, tal vez por solo unas semanas, la legalización de la venta de silenciadores para el tipo de armas que uso Paddock. Si ya fueran legales, y hubiera comprado balas trazadoras, Paddock habría sido más mortífero.

Resulta extraordinaria la respuesta de los republicanos y la cadena Fox diciendo que no es el momento de “politizar” la tragedia discutiendo restricciones a la venta de armas. Lo que ahora existe es prácticamente venta irrestricta. Se calcula que los norteamericanos tienen 112 armas de fuego por cada 100 habitantes. Más que en ningún otro lugar del mundo.

No faltará los que señalen que en la mayor parte de los Estados Unidos no se permite que los vendedores registrados con autorización federal vendan pistolas a menores de 21 años, ni rifles a menores de 18. Sí, es más fácil comprar un rifle. También deben hacer un chequeo de datos del comprador con el FBI y esperar 72 horas. Pero si el FBI no responde en 72 horas, como ha ocurrido en el caso de varios francotiradores, entonces se asume que no hubo una negativa y se puede vender.

Pero esos son límites para los vendedores registrados con un local oficial. Las ventas, o regalos, entre particulares no tienen restricciones. Por eso un padre puede comprarle un rifle a su hijo de siete años. Por eso un vendedor en una exposición temporal puede operar como particular en un tianguis y venderle a un chamaco de trece años, o a cualquiera con dinero, sin cumplir mínimos de verificación.

En todo caso Paddock, un hombre blanco, millonario, sin antecedentes criminales, sin tendencias ideológicas conocidas, sin rasgos de inestabilidad mental, habría pasado casi cualquier tipo de chequeo oficial. ¿Por qué disparó a los fans de la música country? ¿Por qué tenía 20 kilos de explosivos en la cajuela de su auto? No se sabe; no hay indicios sobre sus motivaciones.

La venta irrestricta de armas cada vez más poderosas en los Estados Unidos es un problema importante para México. En las últimas semanas nuestro gobierno no tuvo empacho en sumarse a la injerencia y amenazas norteamericanas a Venezuela. Sería el momento de equilibrar la balanza, mostrar un poquitín de gallardía y abiertamente llamar a la cordura al gobierno norteamericano solicitándole que en defensa de su población, y la nuestra, prohíba la posesión de armas automáticas y de alto poder en manos de civiles.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Adobe o concreto

Jorge Faljo

Sigue siendo insuficiente la ayuda inmediata a los damnificados de los terremotos. En particular en las poblaciones del sureste donde aún no ha llegado la ayuda necesaria. No obstante ya se perfilan las posiciones encontradas en torno a la reconstrucción, que durará años y marcará el fin del sexenio.

En la ciudad de México la verificación del cumplimiento de las normas de construcción de los edificios derruidos, de los otros miles con algún daño, e incluso de los aparentemente intactos se perfila como lo fundamental. La razón es sencilla, queremos saber si la destrucción se originó en el incumplimiento de las normas, y si habitamos en lugares seguros.

Las irregularidades de la construcción del Colegio Rebsamen originaron la denuncia penal de la actual delegada de Tlalpan; podría ser la primera de una oleada que pondrá al descubierto las entrañas de la industria de la construcción y la capacidad del sistema de justicia. Antecedentes como el socavón del paso exprés contribuyen a la desconfianza ciudadana de lo que puede ser visto como una alianza corrupta entre algunas autoridades y constructores.

En otro espacio de la geografía nacional, el de un sureste terriblemente herido, la discusión sobre la estrategia de reconstrucción perfila un conflicto entre el adobe y el concreto.

Cuando el secretario de educación, Aurelio Nuño, se presentó en la histórica y muy dañada escuela Juchitán llevaba en la mano planos para su reconstrucción. Iba preparado para los aplausos. Pero su proyecto fue rechazado por la directora y los maestros que, le explicaron, no era conveniente construir un plantel de tres pisos en zona sísmica. Pretendió dirigirse a la población congregada pero la rechifla le impidió hablar. El mensaje fue contundente: la escuela debe ser reconstruida como estaba.

Francisco Toledo, el ilustre oaxaqueño famoso por su obra artística y por su activismo cívico, exigió que en la reconstrucción se respete la arquitectura, materiales y tradiciones culturales de la región. Fue la expresión de múltiples voces. De otro modo se atentaría contra los modos de vida locales y se crearía vivienda inapropiada, como ya sucedió ante otros desastres.

De hecho la construcción de vivienda en el país ha sido un ejercicio de despilfarro y mala planeación que se traduce en millones de viviendas inhabitables, con un costo gigantesco para los que las abandonan y para los que pagamos impuestos.

Peña Nieto entró al quite diciendo que “la caída de las viviendas se debió sobre todo a que están hechas de adobe y tienen escasa cimentación.” También hizo un llamado a las empresas constructoras, “las que han realizado importantes proyectos de construcción en el país” a solidarizarse y contribuir a la reconstrucción de viviendas.

No se hizo esperar la respuesta de cientos de redes, colectivos, organizaciones y conocedores del tema, muchos de ellos arquitectos e ingenieros, que firmaron el manifiesto del 15 de septiembre ¡Por el derecho a construir con tierra! Ahí se dirigen al presidente, y lo refutan, señalando múltiples ejemplos de buena construcción con materiales locales. Mejor que los centenares de escuelas de concreto derruidas y que las viviendas inhabitables promovidas por entidades públicas.

La discusión sobre si se reconstruye con adobe o concreto tiene un trasfondo que es muy importante revelar. Reconstruir de acuerdo a las tradiciones culturales y con materiales locales como adobe, bajareque, tejas, morillos, implica adaptarse a las condiciones climáticas de cada zona y movilizar la mano de obra local. Se trataría de una reconstrucción compenetrada con los requerimientos de cada familia y localidad.

Reconstruir con concreto es implantar los mismos diseños en todas partes, en un proceso altamente monopólico y concentrado en las empresas que, como dijo el presidente, han realizado los proyectos importantes de este sexenio. A muchos inquieta la noticia de que la constructora del paso exprés de Cuernavaca participará en la reconstrucción en Jojutla (¡imagínese!).

Mientras el adobe representa la movilización de materiales y mano de obra dispersa y local, la propuesta presidencial abre camino a una reconstrucción monopólica que puede ser un enorme negocio de fin de sexenio para los amigos de siempre.

La reconstrucción como negocio de cuates se manifiesta en la creación del fideicomiso “Fuerza México”. Creado por la elite empresarial se propone captar el grueso de las donaciones internas y externas para trabajar de manera coordinada con las autoridades federales. Con una fachada privada se convierte en una plataforma privilegiada por Hacienda para captar las donaciones.

Un tercer mecanismo, el de las zonas económicas especiales, ofrece colocar bajo administración privada infraestructura pública que sumada a exenciones de impuestos e inversiones externas crearía un escaparate exportador. De ese modo con un gran costo de recursos públicos se crearían unos cuantos miles de empleos en los próximos años. Eso sí se logran atraer inversiones chinas y de otros países.

Todo apunta a que la reconstrucción se diseña sin escuchar las voces de los afectados ni en cuanto a los materiales y manera de reconstruir, ni en el fideicomiso Fuerza México, ni en la administración de las zonas económicas especiales. Una reconstrucción integral requiere movilizar a las personas y recursos nativos de cada zona; no hacerlos a un lado.

El error de Aurelio fue ir a Juchitán para presentar su plan sin escuchar. Este error se reproduce en toda la respuesta gubernamental y puede crear las condiciones para otro sismo político que marcaría el fin del sexenio. Aún hay tiempo de otro diseño; uno sustentado en la capacidad de escuchar a la población y en abrir espacios a la participación social en el diseño de la reconstrucción.